Edificio colapsado en el barrio de El Naranjito en Buenaventura Colombia

Colombia: es urgente llegar a las comunidades rurales

Las comunidades afrocolombianas e indígenas del Pacífico son las más golpeadas por el terremoto de magnitud 7,4 del 11 de agosto de 2026.  Décadas de exclusión y conflicto armado están agravando el desastre y reclamamos que la ayuda llegue también a las zonas rurales, hoy prácticamente desatendidas.

Cifras clave del terremoto del 11 de agosto en Colombia

  • 241 personas fallecidas y 3.771 heridas
  • 287 personas desaparecidas
  • 49.214 personas afectadas (estimación)
  • 10.000 edificios dañados, entre ellos 796 escuelas, 186 centros de salud, 527 casas comunales y 45 sistemas de abastecimiento de agua
  • 125 carreteras y 7 aeropuertos afectados
  • 12 departamentos y 335 municipios impactados; los más golpeados: Risaralda, Valle del Cauca, Chocó y Caldas
  • Cerca de 2 millones de personas viven en las zonas afectadas

¿Qué está pasando en las zonas afectadas?

Mujeres y liderazgos comunitarios de Chocó y Buenaventura están organizando la respuesta e identificando las necesidades más urgentes tras el terremoto de magnitud 7,4. A pesar del despliegue de la ayuda humanitaria, las desigualdades históricas amenazan con dejar atrás a las comunidades indígenas y afrocolombianas de las zonas rurales.

Solo en el primer semestre de 2026, el conflicto armado confinó a 12 646 personas en Chocó, restringiendo su movilidad y su acceso a servicios esenciales. En el conjunto de Colombia, cerca de 65 000 personas se vieron afectadas por situaciones de confinamiento derivadas del conflicto durante el mismo periodo, según la Defensoría del Pueblo.

«Nos enfrentamos a un fenómeno natural cuyo impacto se ha visto profundamente agravado por años de exclusión y de insuficiente presencia institucional».

Egido Sanz, directora en funciones de ActionAid Colombia


 

Buenaventura: familias sin refugio, comida ni medicinas

En Buenaventura, en la costa pacífica de Colombia, las propias comunidades trabajan para identificar las necesidades de las familias y solicitan recursos como alimentos, materiales para refugio y medicamentos.

Daira Perlaza Valencia, representante legal de ASOCHIP , una asociación comunitaria afrocolombiana liderada mayoritariamente por mujeres que agrupa a agricultoras, agricultores y procesadoras de papachina en Bajo Calima, describe la situación:

«Hay personas que no tienen refugio ni a dónde ir. Ni siquiera hemos recibido comida todavía; a nuestra comunidad no ha llegado nada. Estamos esperando ayuda con colchones, toldillos y alimentos… y medicamentos para curar heridas, porque muchas personas resultaron lesionadas por cosas que se les cayeron de los techos de sus casas».

Daria Perlaza, ASOCHIP

En el barrio Rockefeller, Claudia Ximena nos contaba su experiencia frente a los restos del edificio de cinco plantas donde vivía su familia. Estaba fuera de casa con su esposo cuando ocurrió el terremoto. Su suegra y una niña que vivía con ella fallecieron; su sobrino resultó gravemente herido:

«Nos hemos quedado sin ropa siquiera. No tenemos ni una cuchara. Nada, nada. No nos queda nada».

Claudia Ximena

 

Medio Baudó (Chocó): 500 viviendas afectadas, 85 completamente destruidas

Cientos de kilómetros de terreno abrupto, vías de transporte dañadas y comunicaciones limitadas dificultan las tareas para determinar el alcance total del impacto en la región pacífica de Colombia.

En Medio Baudó (Chocó), Dilia Córdoba Castro, defensora ambiental y representante de la Asociación de Mujeres Recicladoras de Medio Baudó, es una de las lideresas locales que están documentando los daños. Ha informado de aproximadamente 500 viviendas afectadas en su municipio, de las cuales 85 han quedado completamente destruidas y unas 300 presentan daños estimados del 70 %.

«La alcaldía, la Defensa Civil y los bomberos están intentando hacer un censo y sostener las ollas comunitarias, pero no dan abasto ante la magnitud de las necesidades. Nuestras necesidades inmediatas son sábanas, alimentos y utensilios de cocina. La situación es extremadamente difícil, y hay personas que lo han perdido absolutamente todo».

Dilia Córdoba, Mujeres recicladoras de Medio Baudó

Por qué el impacto es tan desigual: exclusión histórica y conflicto armado

El terremoto ha golpeado sobre todo a comunidades afrocolombianas e indígenas de zonas ya afectadas por el conflicto armado, el desplazamiento, la pobreza, el aislamiento geográfico y el acceso desigual al agua, la atención sanitaria y otros servicios esenciales.

«La magnitud del desastre no se puede explicar únicamente por el movimiento de la tierra. Ha golpeado zonas ya marcadas por la pobreza, el conflicto armado, el aislamiento geográfico, las condiciones precarias de muchas viviendas y un acceso muy limitado al agua, la atención sanitaria y otros servicios esenciales».

Egido Sanz, ActionAid Colombia

Mientras las tareas de rescate y la atención internacional se han concentrado en las zonas urbanas más accesibles, tememos que las comunidades con mayores barreras de acceso reciban menos apoyo. Las zonas urbanas son más visibles y fáciles de alcanzar, por lo que existe el riesgo de que la ayuda humanitraia se concentre ahí mientras las comunidades rurales quedan desatendidas.

La respuesta la están liderando las mujeres

Las organizaciones locales y lideradas por mujeres están respondiendo desde los primeros momentos tras el terremoto, apoyándose en su conocimiento de las comunidades y en las redes ya existentes para identificar necesidades y prestar apoyo.

«Hay organizaciones de mujeres que están acompañando a las familias, identificando necesidades, distribuyendo ayuda y ofreciendo protección y apoyo emocional con sus propios recursos. Esta respuesta comunitaria basada en la solidaridad supone una enorme carga física, emocional y económica para personas que han sido, ellas mismas, afectadas por el terremoto».

Egido Sanz, ActionAid Colombia

Qué está haciendo ActionAid

  • Asistencia alimentaria en Buenaventura.
  • Apoyo sanitario de urgencia en comunidades de difícil acceso, incluidos suministros médicos y de laboratorio, en un momento en el que los propios centros de salud han resultado dañados o desbordados.
  • Kits de higiene y dignidad para comunidades indígenas y afrocolombianas, con productos para la menstruación.
  • Evaluaciones con socios locales para priorizar los fondos de emergencia restantes.

Es esencial que los recursos lleguen también a las organizaciones locales, que ya cuentan con acceso, experiencia, conocimiento y la confianza de las comunidades, de forma flexible. Fortalecer estas capacidades permitirá que la ayuda llegue más rápido a las personas y responda de verdad a las prioridades de las comunidades.

Estamos al lado de las mujeres que ya están en movimiento.

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