Me llamo Wisal. Y lo único que necesitaba era que alguien me escuchara

Wisal fue desplazada de Rafah a Khan Younis cuando empezó la guerra. Enfermó. Perdió la esperanza de vivir. Y encontró algo inesperado: alguien que se quedó a su lado. Ella misma nos lo cuenta. 

«La solidaridad de las personas de fuera importa. No como caridad. Como presencia. Como señal de que no estamos solas, de que seguimos siendo vistas, de que lo que nos pasa le importa a alguien más allá de estas fronteras».

Me llamo Wisal. Soy de Rafah (frontera con Egipto) y ahora vivo desplazada en Khan Younis, sur de Gaza. 

Cuando llegamos aquí, no teníamos nada. Tuvimos que luchar incluso para conseguir un lugar donde quedarnos, mi marido, mis hijos y yo. Fue duro. Pero lo que vino después lo fue aún más. 

Lo que nadie debería enfrentar sola 

Perdí 40 kilos. No de hambre, sino por la enfermedad y el dolor. Me dijeron que podría ser cáncer y hacerse pruebas en Gaza en medio de una guerra es casi imposible. Los hospitales están destruidos o colapsados y para conseguir dos pastillas hay que hacer tres horas de cola. Dos pastillas que son una sola dosis y que no curan nada. 

Llegué a un punto en el que sentí que pronto, iba a llegar el final de mis días. Ya no tenía nada que hacer. No importaba cuánto luchara. Ya no tenía esperanza. 

«Había perdido toda esperanza de vivir. Sentía que la muerte estaba muy cerca y que no había ninguna posibilidad».

Y mientras tanto, todo seguía acumulándose: mis hijos llevan tres años sin ir al colegio. En el mercado hay comida, pero nadie tiene dinero para comprarla. Los bombardeos no paran, ni de día ni de noche. Vivimos esperando que una bala nos alcance a nosotras o a alguno de nuestros hijos. 

Gaza: alguien al otro lado  

A través de otras mujeres supe de una línea de atención telefónica para mujeres que ActionAid y WEFAQ (Sociedad para el Cuidado de Mujeres y Niños) tenían para atender psicológicamente a mujeres. Llamé, aunque no esperaba gran cosa. Estaba demasiado rota para esperar nada. 

Pero alguien contestó. Y me escuchó. Sin juzgarme y sin prisa, con cariño

«Es el único lugar donde puedes encontrar a alguien que te escuche, que te da tiempo para contarle tus problemas y que te trata con dignidad. Paso a paso, te guían hacia lo que necesitas».

En una o dos sesiones con los especialistas empecé a recuperar algo que creía perdido para siempre. Las ganas de seguir. De terminar las pruebas. De creer que la recuperación era posible. 

«La energía negativa se ha transformado en energía espiritual y vital».

Aunque dos de mis hijos resultaron heridos, doy gracias por seguir aquí, todos juntos. Eso, en Gaza, es mucho. 

Mi mayor deseo es recuperar la salud. No solo por mí, sino por mis hijos, que me necesitan, que puedan volver al colegio. Que podamos regresar a Rafah algún día.  

Lo que sostiene cuando todo falla 

Wisal no pidió que la salvaran. Pidió que la escucharan. Y eso, en el fondo, es lo más poderoso que alguien puede hacer por otra persona. 

En Gaza, el sistema sanitario ha colapsado. Más de 38 000 mujeres y niñas han sido asesinadas desde octubre de 2023 en Gaza. 47 mujeres y niñas asesinadas al día. Trabajamos sobre el terreno, apoyando a mujeres que necesitan ser escuchadas, protegidas y acompañadas. Hemos llegado a más de 627.000 personas en Gaza y Cisjordania. 

Quedarse. Escuchar. Acompañar. Eso es lo que hacemos. Y para poder seguir haciéndolo, te necesitamos. 

Cada aportación llega directamente a quienes más lo necesitan.

Comparte la historia de Wisal. Que no caiga en el olvido.