Más que una Marcha: 8M en La Paz y el Poder de la Sororidad

Por Rachele de Felice

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es un momento clave para hacer visible la lucha feminista en todo el mundo. En América Latina, miles de mujeres y niñas salen a las calles, alzan la voz y se movilizan para exigir igualdad, justicia y el fin de la violencia de género.

En Bolivia, la Marcha del 8M en La Paz también es un evento de gran significado. Cientos de miles de voces se unen para recordar que la lucha por los derechos de las mujeres sigue siendo urgente. Las protestas toman diversas formas: intervenciones en espacios públicos, marchas y la construcción de antimonumentos.

Un contexto desafiante para los derechos de las mujeres

Un informe reciente de ONU Mujeres alerta sobre el retroceso de los derechos de las mujeres en uno de cada cuatro países, señalando que la polarización política, los conflictos y las nuevas tecnologías han aumentado las amenazas hacia ellas. Como afirmó la directora de ONU Mujeres, Sima Bahous:

«Las mujeres y niñas están exigiendo un cambio, y no merecen menos».

Este mensaje resuena con fuerza en Bolivia, donde las mujeres enfrentan desafíos significativos, pero también muestran una resiliencia impresionante en su lucha.

En Bolivia, se registran 128 casos de violencia contra la mujer cada día, según el Ministerio Público, con los departamentos de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba siendo los más afectados. La mayoría de los casos corresponden a violencia familiar o doméstica, con 6.518 denuncias en lo que va del año.

Además, se han reportado 554 casos de abuso sexual, 515 de violación y 358 de violación de menores. Al conmemorar el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, se subrayó que estos datos no deben ser ignorados y que la sociedad boliviana debe actuar ante esta realidad, enfrentando la violencia mediante las denuncias como una herramienta clave para generar el cambio necesario.

Mi experiencia en el 8M en La Paz

Como voluntaria en Alianza por la Solidaridad, trabajando en proyectos vinculados a los derechos de las mujeres y la justicia social, tuve la oportunidad de vivir el 8M en La Paz.

Caminar entre calles llenas de mujeres de todas las edades, escuchar sus historias de violencia y resistencia, fue una experiencia transformadora. La violencia de género y las desigualdades estructurales siguen siendo una realidad omnipresente en Bolivia, pero también es la determinación de quienes no se rinden.

Antes de este voluntariado, mi comprensión del feminismo se había formado principalmente desde una perspectiva occidental. Sin embargo, al conectar con las mujeres bolivianas en esta lucha, entendí que el feminismo no es una causa homogénea: cada región, cada comunidad y cada historia configuran su propia forma de resistencia.

Un compromiso más fuerte que nunca

La resiliencia de las mujeres que conocí aquí en Bolivia me hizo replantear mi propia relación con el activismo. La lucha por la igualdad de género no es solo un desafío político o social, es una cuestión de derechos humanos y justicia universal.

Tras esta experiencia, tengo claro que quiero seguir trabajando en temas de justicia social, con un enfoque específico en los derechos de las mujeres. El 8M en La Paz me enseñó que, aunque los avances sean lentos, la unión y la resistencia siempre encontrarán una forma de florecer.

La lucha feminista sigue viva, y cada una de nosotras tiene un papel que jugar. Las voces de las mujeres no se silenciarán nunca.

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