Mujeres hacen la comida de forma comunitaria en Anse à Pitres

Solidaridad en Anse-à-Pitres: comer y curarse en el Haití en crisis

En Anse-à-Pitres, en el sureste de Haití, la solidaridad entre vecinas sostiene a familias a las que la crisis se lo ha quitado todo. Gracias a los proyectos te contamos como dos mujeres, una que relanza un pequeño comercio y otra que por fin puede alimentarse correctamente y recibir atención médica, recuperan los medios para vivir con dignidad.

 ¿Qué está pasando en Haití?

Haití atraviesa una de las crisis humanitarias más graves de su historia reciente. Más de 5,8 millones de personas necesitan asistencia humanitaria y, según el IPC, 6,35 millones de haitianos corren el riesgo de sufrir inseguridad alimentaria aguda entre marzo y junio de 2027. En este contexto, las familias desplazadas por la violencia armada o deportadas desde la República Dominicana se instalan con familias de acogida, que, a su vez, están en condiciones también precarias. Sin embargo, cada cual comparte lo poco que tiene.

Estane: «Vivo de los beneficios y sigo haciendo circular el capital»

Estane Saint-Louis, deportada desde la República Dominicana, cría a cuatro hijos en el barrio Réfugié. Antes del proyecto no tenía ningún ingreso y vivía de lo que sus vecinas tuvieran a bien darle. Sus hijos corrían el riesgo de ser expulsados de la escuela por no poder pagar las cuotas escolares. Con la primera transferencia recibida gracias al proyecto montó un pequeño comercio.

«Invierto el dinero en el negocio, lo hago circular: vivo de los beneficios y sigo haciendo circular el capital», explica.

Hoy paga la escuela, su familia come carne y verduras, y tiene previsto vender mochilas y material escolar al inicio del curso.

Chalna: «Vivo gracias al apoyo de la gente»

En Aviation, Chalna Toussaint conoce otra cara de la misma solidaridad. Vive en la zona desde hace muchísimo tiempo y allí ha dado a luz a ocho hijos. Su marido, ya mayor, tiene una discapacidad. Ella misma se encuentra en estos momentos con dificultades de movilidad y está postrada en cama.

Chalna, con una de sus hijas, en la formación sobre nutrición ofrecida por CROSE en Haití

«Vivo a cargo de la gente», cuenta. «En cuanto estás en cama, alguien tiene que hacerlo todo por ti. Aunque estés bien, no te sientes a gusto, ni en tu cabeza ni en tu espíritu».

Fue su ahijado, vecino y participante del proyecto, quien le habló de él y la inscribió. La cadena de ayuda mutua llevó a la persona más aislada hasta la ayuda disponible. Para Chalna, este sencillo apoyo es vital: «Este dinero me es muy útil. Me ayuda a sobrevivir. Como, y cuando tengo que ir al hospital, voy». Sus expectativas son modestas: «Alimentarme y seguir yendo al hospital, eso es lo que espero. Si esto puede continuar, rezaré a Dios para que continúe, porque este dinero hace mucho por mí».

Transferencias de dinero para dar apoyo a las familias en Haití

Para Estane, la transferencia de dinero es un trampolín. Para Chalna, es una red de seguridad. Las dos son legítimas: no todas las familias pueden reiniciar una actividad comercial, y las que no pueden necesitan un apoyo sostenido en el tiempo.

Los hogares que han recibido este apoyo fueron propuestos por comités comunitarios de focalización, formados mayoritariamente por mujeres, y después verificados mediante encuestas antes de su validación pública con el ayuntamiento. Pero las necesidades superan con creces las 468 familias a las que hemos acompañado. Los comités tuvieron que tomar decisiones difíciles entre familias igual de vulnerables, y las que no pudieron incluirse siguen dependiendo de sus vecinas.

Esas necesidades van a seguir creciendo con los retornos forzosos y el fin de la protección temporal estadounidense para 350 000 haitianos. Pierre Paul Edouane, presidente del comité de focalización de Parc Cadeau, resume lo que está en juego: «Si haces un vivero y lo riegas, crece bonito. Pero si lo abandonas cuando empieza a crecer, se muere».

La solidaridad comunitaria es la primera línea de defensa contra el hambre en Anse-à-Pitres, pero no puede cargar sola con el peso de la crisis. 

Detrás de las transferencias: protección y presencia comunitaria

Para que la ayuda llegue realmente a quienes la necesitan, sin desvíos ni riesgo de explotación, el proyecto cuenta con un mecanismo de protección y con agentes comunitarios presentes a diario sobre el terreno.

En la zona de Aviation, donde vive Chalna, Phana ejerce como punto focal SHEA (Sexual Harassment, Exploitation and Abuse) y desempeña un papel de vigilancia esencial. «Mi función es anotar todo lo que las personas beneficiarias encuentran sobre el terreno, sea bueno o malo», explica. Formada en la detección de casos de abuso y violencia, recuerda a las familias que el dinero recibido es para sus necesidades domésticas y que no deben compartirlo ni destinarlo a otros fines. Además, presta especial atención a las personas más expuestas: «Doy prioridad a las personas con movilidad reducida».

Por su parte, Figaro Fredmens, agente de salud comunitario polivalente (ASCP), encarna el vínculo constante entre la institución y la población: «Nuestra misión en la comunidad es llevar el mensaje lo más lejos posible, hasta donde antes no se escuchaba». También señala los retos de zonas como Saline, donde la llegada de familias desplazadas desde otros departamentos complica la identificación de las personas beneficiarias y ha encarecido la vivienda, una realidad que exige adaptar constantemente las estrategias de seguimiento sobre el terreno.

En Anse-à-Pitres, en la frontera dominicana, el proyecto, financiado por la Cooperación Española y ejecutado por ActionAid Haití junto con CROSE, acompaña a 468 familias desplazadas, repatriadas y de acogida. Reciben transferencias monetarias que cubren en primer lugar sus necesidades alimentarias, y son ellas mismas quienes deciden cómo usarlas.

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