«Regularizarse es tener, por fin, acceso a derechos»
Pamela llegó a España desde El Salvador hace cuatro años, huyendo de la violencia y buscando una oportunidad para empezar de nuevo. Tenía formación superior, experiencia y ganas de trabajar. Pero desde entonces, solo ha conseguido empleos en el sector de los cuidados, siempre sin contrato.
Sin embargo, tener que vivir sin papeles no es solo tener trabajos precarios, es vivir desprotegida.
«Regularizarse es tener por fin acceso a derechos»

Sin papeles, reclamar derechos es un riesgo
Desde que llegó, Pamela ha vivido varias situaciones de abuso y desprotección. En una ocasión fue víctima de una estafa bancaria y, cuando intentó denunciarlo, en lugar de recibir ayuda se encontró con una orden de expulsión. Tuvo que acudir a un abogado para poder pararla. También sufrió las consecuencias de no tener papeles en el acceso a la vivienda. Perdió la fianza de una casa y después fue expulsada junto a su familia del lugar en el que vivían. Durante un mes no tuvieron dónde quedarse y acabaron siendo acogidas en una parroquia.
Esa misma falta de documentación también le cerró la puerta a seguir formándose. Pamela no pudo acceder a una beca con la que quería iniciar estudios farmacéuticos, una oportunidad importante para poder acceder a un futuro más estable.
Sin embargo, hay pérdidas que no se pueden recuperar. Cuando su padre murió en El Salvador, tampoco pudo despedirse. Salir significaba no poder volver.
Y, aun así, después de todo, Pamela ha decidido implicarse como voluntaria en su comunidad para acompañar a otras mujeres migrantes que están pasando por situaciones parecidas. Porque sabe lo que significa sentirse sola, desprotegida y sin respuestas, y quiere que otras encuentren el apoyo que a ella tantas veces le faltó.
Para Pamela, la regularización no es un solo trámite. Es la posibilidad de dejar de estar expuesta, de poder denunciar sin miedo, de trabajar con derechos, de poder vivir con seguridad.





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