Crisis de combustible en el sur global

La crisis del combustible agrava el hambre, la pobreza y la desigualdad en África y Asia

La subida del precio del combustible está golpeando con especial dureza a millones de personas en países vulnerables de África y Asia. En ActionAid advertimos de que esta crisis provocada por el conflicto desatado por EEUU e Israel contra Irán, no se queda en las gasolineras del norte global: llega a la mesa de las familias, encarece el transporte, reduce ingresos, amenaza pequeños negocios y aumenta la carga que ya soportan muchas mujeres en el sur global.

Desde 2022 las crisis de combustible asociadas a los conflictos bélicos no han parado de empeorar las condiciones de las comunidades en los países más vulnerables.

El reciente acuerdo interino entre Estados Unidos e Irán podría aliviar la presión sobre los mercados energéticos si llega a cumplirse. Sin embargo, sus efectos no llegarían de forma inmediata a las comunidades que ya están sufriendo las consecuencias del encarecimiento del combustible, los alimentos y otros productos básicos.

Nuestros equipos en África y Asia están viendo cómo esta crisis agrava la situación de hogares con bajos ingresos, pequeñas agricultoras, trabajadoras informales y familias que ya vivían al límite. En varios países donde trabajamos, el precio del combustible ha registrado subidas muy significativas desde el inicio de la guerra: en Somalilandia, la gasolina llegó a aumentar un 67%; en Nepal, el diésel llegó a subir más de un 70%; en Zimbabue, la gasolina y el diésel han aumentado entre un 35% y un 43%; en Malawi, los precios del combustible han subido un 35%; y en Camboya, la gasolina ha aumentado alrededor de un 40% y el diésel más de un 60%.

Cuando sube el combustible, también sube el precio de comer, de ir a la escuela, de llegar al médico o de mantener abierto un pequeño negocio.

Cómo afecta la subida del combustible a las familias con menos ingresos

El aumento del coste del combustible está encareciendo el transporte público, del que dependen muchas personas con bajos ingresos para trabajar, acudir a centros de salud, comprar alimentos o llevar a sus hijos e hijas a la escuela.

En Somalilandia, el precio del autobús local ha aumentado un 50%. En Zimbabue, las tarifas de kombis y autobuses han subido entre un 50% y un 100% desde marzo. Para muchas familias, moverse se está convirtiendo en una decisión imposible: pagar el transporte puede significar comer menos, reducir gastos básicos o dejar de acudir a servicios esenciales.

 “Una subida del 40% en los precios del combustible significa que una niña falte a la escuela, que una mujer se salte comidas o que una familia agricultora no pueda producir suficientes alimentos”.

Selina Pasirayi, directora de ActionAid Zimbabue

Las crisis del combustible afecta el trabajo de los pescadores

Mujeres, niñas y pequeñas agricultoras, las más afectadas por la crisis del combustible

En ActionAid vemos una vez más que las crisis no afectan a todas las personas por igual. Las mujeres están soportando una parte desproporcionada de esta situación. En muchos hogares, comen menos para que puedan comer sus hijos e hijas, dedican más tiempo a conseguir leña por la subida del gas o la parafina, y ven cómo se reducen sus ingresos, sus cultivos o sus pequeños negocios.

En Somalilandia, Saynab Dahir Mohamoud, agricultora en la región de Togdheer, cuenta que los costes de la explotación agrícola se han disparado. Antes cultivaba dos hectáreas; ahora solo puede cultivar media.

“Nuestra carga de trabajo en casa y en la granja es inmensa. Mientras trabajamos en el campo, cuidamos de los niños, de su educación si no podemos llevarlos a la escuela, y del resto de tareas del hogar”, relata.

En Nepal, Sanjila Kumal, cosecretaria del grupo de mujeres Shanti Shramik, explica que el transporte puede llegar a costar casi un tercio de lo que gana en un día. También han subido productos básicos como el aceite y el gas de cocina.

En Malawi, Tendai Nkhoma, una joven de 27 años que gestiona una pequeña tienda de zapatos, teme tener que cerrar su negocio. El transporte para recibir mercancía se ha duplicado en algunos casos y ha tenido que cancelar pedidos, reducir compras y dejar en pausa sus planes de ampliar el negocio.

La crisis agrava hambre pobreza y desigualdad

La crisis del combustible no tiene un único impacto. En muchas comunidades, encarece los alimentos, reduce la movilidad, dificulta el acceso a la salud y la educación, y debilita los medios de vida de quienes ya tenían menos margen para resistir una nueva subida de precios.

Las crisis energéticas, climáticas, alimentarias y de deuda se refuerzan entre sí. Sus efectos recaen con más fuerza sobre los hogares con menos recursos y sobre países que ya afrontaban una situación económica frágil.

La guerra no creó estas desigualdades, pero las ha profundizado. Las familias con menos recursos están pagando el precio de decisiones tomadas muy lejos de sus comunidades.

Necesitamos medidas de protección social ante la crisis del combustible

La desescalada es urgente. Pero estabilizar los mercados energéticos no será suficiente si no se protege a las personas más afectadas por esta crisis.

Desde ActionAid reclamamos que la respuesta internacional incluya medidas de protección social, apoyo a los sistemas alimentarios locales, inversión en medios de vida resilientes al clima y políticas económicas justas. Las comunidades que menos responsabilidad tienen en estas crisis no pueden seguir pagando sus consecuencias.

Por eso, cualquier acuerdo político debe ir acompañado de medidas concretas para evitar que la factura vuelva a caer sobre los países y las comunidades en situación más vulnerable.

Porque el alivio no puede quedarse en los mercados: tiene que llegar a las familias.

Estamos al lado de las mujeres que ya están en movimiento.

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