Evento de Rendición de Cuentas. Sucre, junio de 2026

Mujeres de Sucre y Villa Serrano fortalecieron su liderazgo para avanzar hacia una vida libre de violencias

El proyecto “Mujeres luchando por una vida libre de violencias en Bolivia” fortaleció las capacidades de mujeres jóvenes y adultas para investigar sus realidades, impulsar su autonomía e incidir en las políticas públicas 

Sucre y Villa Serrano, Chuquisaca Bolivia  — Mujeres jóvenes y adultas de los municipios de Sucre y Villa Serrano fortalecieron sus capacidades para ejercer sus derechos, promover la igualdad de género y participar activamente en la prevención y erradicación de la violencia basada en género, como resultado del proyecto “Mujeres luchando por una vida libre de violencias en Bolivia”, desarrollado en asocio con el  Centro Juana Azurduy y el apoyo del Gobierno de Cantabria. 

El proyecto concluyó con logros muy importantes orientados a que las mujeres se reconocieran como sujetas de derechos y fueran actoras de cambio, ellas fortalecieron su participación en procesos de investigación, reflexión, vigilancia ciudadana e incidencia política para avanzar hacia el ejercicio efectivo del derecho a vivir libres de violencias (DVLV). 

El proyecto trabajó desde un enfoque interseccional, intercultural e intergeneracional, poniendo en el centro las experiencias y necesidades de mujeres jóvenes y adultas en situación de mayor vulnerabilidad. 

Mujeres que investigaron sus propias realidades 

Uno de los principales resultados fue la formación de 57 mujeres adultas y jóvenes — 32 en Sucre y 25 en Villa Serrano — como “Warmis Investigadoras”, quienes adquirieron herramientas de Investigación-Acción-Participación (IAP) para analizar las problemáticas que afectan a las mujeres en sus territorios. 

Este proceso permitió que las propias participantes generaran conocimiento sobre sus realidades y contribuyeran a la construcción de propuestas de transformación desde sus comunidades. 

Los resultados de estas investigaciones fueron compartidos y debatidos con  300 mujeres de organizaciones sociales de base, quienes participaron en espacios de reflexión y validación de propuestas. 

De esta manera, el conocimiento generado por las Warmis Investigadoras trascendió el ámbito individual y contribuyó al fortalecimiento de las organizaciones y redes de mujeres de Sucre y Villa Serrano. 

La autonomía económica como camino hacia una vida libre de violencias 

El proyecto también abordó la autonomía económica como un elemento fundamental para fortalecer la capacidad de las mujeres para tomar decisiones sobre sus propias vidas. 

Las 50 mujeres que participaron en el proceso de formación como Warmis Investigadoras también recibieron capacitación técnica para el diseño y gestión de iniciativas económicas. 

A través de la Incubadora Tikary del Centro Juana Azurduy, se acompañó la elaboración y evaluación de planes de negocio y  12 emprendimientos liderados por mujeres recibieron capital semilla en equipamiento e insumos, contribuyendo al fortalecimiento de sus iniciativas productivas y a la generación de mayores condiciones de independencia económica. 

Emprendedora Paulina Condori

Paulina fue beneficiaria del capital semilla para emprendimientos

Incidencia para mejorar la respuesta institucional 

Otro de los componentes fundamentales fue el trabajo con instituciones responsables de la prevención y atención de la violencia. 

En este marco, 72 personas de servicio de apoyo a la violencia, entre ellas personal del SLIM, FELCV, DNA y servicios de salud, participaron en procesos de capacitación. También se trabajó con autoridades y funcionarios/as de los gobiernos locales, promoviendo una atención de mayor calidad y una gestión pública con perspectiva de género. 

El proceso de fortalecimiento de las mujeres incluyó además acciones de vigilancia ciudadana e incidencia política, mediante las cuales las lideresas formularon y presentaron propuestas destinadas a mejorar las políticas públicas y la respuesta institucional frente a la violencia. 

Asimismo, la iniciativa involucró a líderes hombres comunitarios como aliados para respaldar las acciones de incidencia promovidas por las mujeres. 

Fortaleciendo redes más allá de Chuquisaca 

El proyecto también contribuyó a fortalecer los vínculos entre defensoras de diferentes regiones del país mediante la participación de  90 mujeres en un encuentro nacional de defensoras, con representación de Chuquisaca y otros departamentos de Bolivia. 

Estos espacios permitieron compartir experiencias, intercambiar aprendizajes y fortalecer las redes de mujeres que trabajan por la defensa de los derechos y la prevención de las violencias. 

Comunicación para promover una vida libre de violencias 

La estrategia también incorporó acciones de comunicación y sensibilización dirigidas a la población en general. 

A través de campañas comunicacionales se difundieron mensajes orientados a cuestionar el machismo, promover la igualdad de género y visibilizar el derecho de las mujeres a vivir libres de violencias. 

Estas acciones buscaron ampliar el alcance del proyecto más allá de sus beneficiarias directas y contribuir a generar cambios en los imaginarios y prácticas sociales que reproducen la violencia basada en género. A través de la campaña “Es tiempo de cambiar, vivamos sin violencia” llegamos a 408.837 personas a nivel nacional. 

Según una encuesta realizada, después de ver la campaña el 29.8% de las personas encuestadas reflexionó sobre el DVLV de las mujeres, el 28.6% conversó al respecto con otras personas y el 25% buscó más información sobre el tema.   

Un proyecto que dejó capacidades y redes fortalecidas 

Con la implementación del proyecto “Mujeres luchando por una vida libre de violencias en Bolivia”, mujeres de Sucre y Villa Serrano quedaron fortalecidas como sujetas de derechos y actoras de cambio, con mayores herramientas para investigar sus realidades, impulsar iniciativas económicas, participar en espacios de decisión y ejercer vigilancia ciudadana. 

El proceso también permitió fortalecer vínculos entre organizaciones de mujeres, instituciones públicas y actores comunitarios, generando condiciones para que las acciones de prevención de la violencia y promoción de la igualdad de género tengan continuidad más allá de la duración del proyecto. 

El respaldo financiero del  Gobierno de Cantabria  y el trabajo conjunto con el  Centro Juana Azurduy hicieron posible una experiencia que puso en el centro la voz y participación de las mujeres. 

El proyecto concluyó, pero las capacidades, las redes y las voces de las mujeres permanecen como herramientas para seguir construyendo una Bolivia donde todas puedan ejercer plenamente su derecho a vivir libres de violencias. 

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