Otros mundos
Quizás podemos caer en la tentación de pensar que, por cruzar un océano, recorrer miles de kilómetros atravesando selvas, desiertos y montañas llegamos a otro mundo. Aterrizamos en un lugar que nuestra creatividad había imaginado de mil formas, en mil ocasiones. Miradas curiosas, olores que nuestros sentidos habían olvidado, flores que no conocíamos y una ligera perturbación en la percepción del tiempo. Aquellas calles que recorremos por primera vez, aquellas mariposas en el estómago del primer encuentro, la aventura de la cotidianidad y los momentos de soledad buscada o encontrada.
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Pero poco a poco descubrimos que las miradas son las de siempre en distintos ojos, que los rostros nos sonríen con una calidez a la que hemos perdido la costumbre y que los pequeños gestos demuestran mucho más que los ríos de palabras. Y es así como empezamos a tomar consciencia. El Sol sale siempre por el Este, y cede siempre el testimonio a la Luna en el Oeste. La lluvia es un regalo frío que junto con el viento nos hace temblar. Las plantas crecen con parsimonia, y los pájaros nos despiertan del mismo modo que lo han hecho siempre. Las preocupaciones, las ambiciones, los miedos, las alegrías e ilusiones son las mismas con distinta forma.
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Y rápidamente descubrimos que los retos más importantes son aquellos que nos afectan a todos. Que el trabajo que queda por hacer es enorme, sea en lo alto de las montañas, en el fondo del valle, en las profundidades de la selva, o al otro lado del océano. Que por cómo funciona el mundo hemos olvidado lo más importante. Banderas, fronteras, dinero, colores. Excusas que nos ponemos para priorizar nuestro comprensible instinto de supervivencia.
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Llevo poco tiempo al otro lado de mi mundo. Pero el tiempo suficiente para reafirmar mi manera de ver las cosas. Todo aquello que compartimos es infinitamente superior a aquello que nos separa. Como humanidad tenemos la enorme responsabilidad de trabajar unidos, porque si no olvidamos que existen infinidad de cosas que compartimos, que todos amamos, sentimos y lloramos de formas distintas, pero en el fondo iguales, seremos capaces de construir un futuro mejor. No es que de esto se trate la cooperación, la ayuda humanitaria o el voluntariado, es que de esto trata la vida.





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