El eco-feminismo andino como resistencia ancestral
Por Alexandra Gerer
Históricamente y hasta la actualidad, la naturaleza ha sido explotada bajo sistemas patriarcales. Los procesos de conquista, colonización, extracción y expansión del capitalismo han destruido no solo ecosistemas y bienes comunes —como el agua, las semillas y la biodiversidad—, sino también hábitats y medios de sustento. Porque la lucha por las mujeres y la lucha por la tierra están conectadas.

Las mujeres campesinas e indígenas de los Andes se ven especialmente afectadas. Su vínculo ancestral con el trabajo agrícola y el cuidado de la vida las expone a una doble vulnerabilidad: por un lado, como guardianas de la tierra; por otro, como responsables de tareas productivas y reproductivas, las cuales siguen siendo invisibles, no reconocidas ni remuneradas.
Sin embargo, ellas también están en la primera línea de defensa del territorio. Son quienes cultivan la tierra, conservan las semillas, preservan saberes ancestrales y sostienen la salud comunal. Los conocimientos sobre alimentación, sanación y equilibrio ecológico se resguardan principalmente en la memoria colectiva de las mujeres. Pero ellas no solo asumen tareas prácticas, sino que también mantienen una relación espiritual con la tierra y los ciclos de la vida.
En este marco, la lucha por los derechos de las mujeres y la defensa de la tierra están profundamente unidas. Tiene un punto esencial en conexión con la naturaleza, en la preocupación por el futuro y en el compromiso con la protección de los bienes comunes, la soberanía alimentaria y el conocimiento ancestral. Incluye también el fortalecimiento de la autonomía de las mujeres, el acceso justo a la tierra, así como la recuperación, conservación y reproducción de las semillas nativas.

La cosmovisión andina
La cosmovisión andina implica que los seres humanos no están encima de la naturaleza, sino que dependen de ella y deben vivir en armonía con sus ritmos y decisiones. En este marco, la Pachamama —Madre Tierra— no es un recurso a explotar, sino un ser vivo con espíritu, memoria y agencia propia.
Hoy, la Pachamama es también un símbolo para la revalorización de las culturas indígenas y del respeto hacia la naturaleza. Esta visión del mundo se basa en los principios del cuidado, la reciprocidad y la armonía. Cuidar a la Pachamama es cuidar todas las formas de vida que habitan en ella, incluyendo a la comunidad humana.
Vivir en equilibrio con la naturaleza, los animales, las personas y el cosmos es esencial para mantener integridad y equilibrio. Esta cosmovisión rompe con los paradigmas patriarcales y permite revalorizar las prácticas tradicionales.






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