Voluntariado en Timișoara: aprendizajes, empatía y solidaridad desde Rumanía

A través del programa Youth4Ukraine, tres jóvenes voluntarias han colaborado durante dos meses con la organización FITT en Timișoara, Rumanía. Su labor ha estado centrada en acompañar a la infancia refugiada de Ucrania y promover espacios de inclusión, aprendizaje y convivencia intercultural. En este artículo comparten cómo el voluntariado transformó su forma de pensar y de actuar.

«Una experiencia que deja huella» — por Lorena

Cuando empecé esta experiencia de voluntariado, tenía una idea bastante vaga de lo que me esperaba. Sabía que ayudaría y contribuiría en todo lo que pudiera, pero nunca imaginé que tendría un impacto tan profundo en mí.

Durante dos meses tuve el privilegio y la oportunidad de planificar y llevar a cabo una gran variedad de actividades para refugiados ucranianos, en su mayoría niños. Fue un desafío, pero también increíblemente gratificante. Diseñar juegos, talleres creativos y actividades que no solo los entretuvieran, sino que también les dieran un espacio para expresar sus emociones, sentirse cómodos y aprender, me hizo sentir que estaba marcando una diferencia, aunque fuera pequeña.

Uno de mis mayores miedos antes de empezar era la barrera del idioma. Sin embargo, durante este tiempo mi nivel de inglés mejoró mucho y también tuve la oportunidad de aprender algunas frases básicas en ucraniano y rumano. Estar rodeada de niños que no hablaban mucho inglés me ayudó a desarrollar habilidades de comunicación no verbal y otras competencias.

Aunque en algunos momentos fue difícil adaptarme a vivir en un país tan diferente al mío, rodeada de personas de culturas igualmente diversas, paradójicamente, este fue uno de los aspectos más enriquecedores de la experiencia. Trabajar y convivir con personas de todo el mundo me permitió conocer más sobre sus culturas, formas de pensar e incluso, a través de algunas actividades, probar sus platos tradicionales y disfrutar de sus bailes y costumbres.

Este voluntariado también me dio la oportunidad de viajar por el país y por regiones cercanas. Descubrí lugares que nunca imaginé, como los impresionantes paisajes de Rumanía.

Sin duda, recomendaría ser voluntario, no solo por el impacto positivo que tiene en la comunidad a la que sirves, sino también por la experiencia personal que aporta. Durante este tiempo conocí a personas extraordinarias que siempre recordaré, y disfruté tanto de las actividades como de mi tiempo libre y los viajes.

«Hacer voluntariado me permitió aprender, viajar y conocer personas increíbles» — por Carolina

Si me preguntaran si recomendaría esta experiencia de voluntariado, mi respuesta sería sí. Durante los dos últimos meses he participado en el proyecto Youth4Ukraine en FITT, en la hermosa ciudad de Timișoara (Rumanía). Sus principales objetivos son trabajar con niños desplazados por la guerra, impartir formaciones para voluntarios y preparar cuestionarios para evaluar y analizar las actividades.

Durante todo este tiempo formé parte del equipo de formación, y nuestro principal trabajo consistía en investigar temas específicos como migración, género, oratoria, salud mental, motivaciones para el voluntariado y diplomacia humanitaria, con el fin de diseñar actividades interactivas que ayudaran a comprender mejor estos temas.

Además, tuvimos la oportunidad de organizar en grupo el Gender Event para unos 40 voluntarios que formaban parte del Summer Fest. Fue una experiencia muy bonita, ya que hablamos sobre la importancia de la igualdad y sobre cómo los estereotipos presentes en la sociedad pueden dañar las relaciones interpersonales.

Esta experiencia también fue muy enriquecedora porque pude conocer a personas increíbles de distintos países y compartir nuestras culturas. Cada semana hacíamos actividades de team building como pintar o montar a caballo, lo que nos ayudó a crear lazos más estrechos. En definitiva, participar en un programa de voluntariado te brinda la oportunidad de viajar, conocer nuevas culturas y aprender mucho sobre el país en el que te encuentras. En mi caso, encontré un grupo de amigos estupendo y tuvimos la oportunidad de viajar a Transilvania, Bucarest y Budapest.

Finalmente, puedo decir que mejoré mis habilidades de comunicación —ya que antes de venir mi nivel de inglés no era muy bueno—, aprendí cosas nuevas y conocí a gente maravillosa.


«Empatía, inclusión y aprendizaje» — por Melisa

Mientras escribo estas líneas, me encuentro en mis últimos días en Timișoara, tras dos intensos meses de voluntariado en un proyecto centrado en niños refugiados ucranianos. Nuestra organización anfitriona fue FITT, una ONG dedicada al empoderamiento juvenil. Un aspecto destacado de FITT, que a la vez es una debilidad, tiene que ver con su edificio: por un lado ofrece excelentes espacios para todo tipo de actividades, pero por otro, lamentablemente, no son accesibles para personas con discapacidad.

Como mencioné, nuestro objetivo principal fue un proyecto destinado a apoyar a los niños refugiados ucranianos en su integración en Rumanía. Como miembro del equipo de análisis, participé en el diseño y administración de cuestionarios para conocer las necesidades y preferencias de los niños. Este enfoque basado en datos nos permitió adaptar las actividades para servirles mejor, proporcionando información valiosa que servirá también a futuros voluntarios.

También tuve la oportunidad de participar directamente en las actividades con los niños, algo tan desafiante como gratificante. La barrera del idioma y las diferencias culturales fueron, sin duda, un reto, pero también una oportunidad de crecimiento y aprendizaje. A través de estas interacciones, desarrollé una comprensión más profunda de la resiliencia y la capacidad de adaptación, tanto en los niños como en mí misma. Los momentos de conexión, cuando veíamos a los niños sentirse más cómodos y participativos, fueron especialmente reconfortantes.

Más allá del proyecto principal, también colaboré en un evento sobre igualdad de género y ayudé a organizar actividades durante la celebración de la ciudad de Timișoara. Estas experiencias pusieron de relieve la importancia de la inclusión social y la participación comunitaria, además de ofrecer un espacio para reflexionar sobre cuestiones sociales más amplias. Me reafirmaron en la idea de que el voluntariado no solo consiste en ofrecer ayuda, sino también en aprender y cuestionar las propias perspectivas.

Ser voluntaria en FITT fue una experiencia enriquecedora que recomendaría sin dudarlo. Me permitió contribuir a una causa significativa, aprender de diferentes puntos de vista y participar en un trabajo con impacto real. Aprendí el valor de la empatía, la sensibilidad cultural y la importancia de apoyar a las comunidades vulnerables de forma respetuosa e inclusiva.

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