Hebrón: siete días de incursión y años de acoso
Casi 4 000 personas desplazadas, viviendas registradas y demolidas, barrios cerrados. Las mujeres de Hebrón nos cuentan cómo viven la incursión militar israelí, que dura ya una semana. Esto no ha empezado ahora: el acoso a quienes viven en la ciudad y sus alrededores viene de lejos.
Desde el pasado viernes, el ejército israelí mantiene una incursión a gran escala en Hebrón, en Cisjordania. Comenzó después de que un hombre palestino matara a dos soldados israelíes en un puesto de control. Desde entonces, los soldados han registrado viviendas, han detenido a decenas de personas y han ordenado demoler casas. En este momento, toda la ciudad está bloqueada: las entradas y salidas de los barrios están cerradas, y la población no puede llegar a escuelas, trabajos, hospitales ni lugares de culto.
«Nos encerramos dentro hasta que las cosas se calmaron»
Hiba (nombre ficticio) es maestra de educación infantil en Hebrón y nos contaba que «La situación es extremadamente peligrosa y aterradora. Hay registros, restricciones y cierres constantes. El puesto de control estaba cerrado desde que empezó la operación militar y no se reabrió hasta ayer. Hoy, hacia las tres de la tarde, mi compañera y yo estábamos dando una clase en la escuela infantil cuando los soldados israelíes irrumpieron en la zona, y nos encerramos dentro hasta que las cosas se calmaron. Golpearon a gente, entre ellos a una pareja de personas mayores a la que agredieron dentro de su propia casa. Los soldados llegaron a perseguir a las niñas en la escuela infantil, donde estábamos escondidas». Un día después del inicio de la operación, Hiba y otras 15 mujeres iban a una reunión en el colegio. Los soldados las pararon, las sometieron a registros humillantes y las retuvieron durante cuatro horas.
Un acoso que viene de lejos
Lo que está ocurriendo ahora no es nuevo. En abril, Najwa, vecina de Hebrón, ya nos contaba el acoso sistemático que sufre su familia desde hace tiempo. Najwa y sus hermanos heredaron de su padre unas tierras que han pertenecido a la familia durante generaciones y que están registradas ante las autoridades israelíes y palestinas. Viven de ellas: crían ovejas y cultivan la tierra. Sin embargo, un grupo de colonos ha tomado el control de una montaña cercana y han estado atacando a quienes vivían en la zona. La mayoría de las familias han acabado acabaron marchándose.
La familia de Najwa sigue allí, pero continua sufriendo acoso y violencia, incluyendo el robo de unas 70 ovejas, dos coches y equipos agrícolas, daños en su casa, sus cultivos y sus infraestructuras. Además, los colonos que entran con frecuencia en sus tierras, bloquean los caminos de acceso, les acosan, les intimidan y les impiden trabajar el campo; incluso han atacado a su familia con espray de pimienta, entre ellos su madre, de 80 años. Najwa tuvo que recibir atención hospitalaria y su hermano sufrió un ictus tras el ataque.
Los colonos han quemado casas en la zona y han destrozado propiedades, y calcula que las pérdidas de su familia se sitúan entre 300.000 y 400.000 séqueles (unos 27 000 – 36 000 euros). Para protegerse, la familia se organiza en turnos las 24 horas del día y avisa al resto si llegan los colonos. Evitan cualquier enfrentamiento por miedo a que la violencia vaya a más y a la impunidad con la que actúan. Najwa denuncia que no han recibido ni protección ni apoyo de las autoridades.
Violencia récord en Cisjordania
El asalto a Hebrón llega cuando la población palestina de Cisjordania ya sufría niveles récord de violencia por parte de soldados y colonos israelíes. Solo en la actual temporada de cosecha de la aceituna se han registrado 272 ataques de colonos relacionados con la cosecha, más que en todas las temporadas de 2024 o de 2025, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).
El ejército israelí está repitiendo en Hebrón la estrategia de desplazamiento forzoso masivo, que podría constituir limpieza étnica, que aplicó a principios del año pasado en los campos de refugiados del norte de Cisjordania. Entonces, más de 33 000 personas palestinas tuvieron que abandonar sus hogares; actualmente siguen desplazadas sin saber cuándo podrán volver.
«Las familias se vieron obligadas a dejar sus hogares con muy poca antelación, a menudo con menos de una hora para recoger sus pertenencias. Estos actos constituyen un castigo colectivo», explica Bashaer Shawar, responsable de proyectos de ActionAid en Hebrón.
«Nos preocupa especialmente el impacto en las mujeres y la infancia: el desplazamiento, la separación familiar y la pérdida de condiciones de vida seguras aumentan su exposición a la violencia y al sufrimiento psicológico».
Lo que pedimos
Las familias de Hebrón necesitan seguridad, dignidad, protección y la garantía de que se respetarán sus derechos. Por eso, desde ActionAid exigimos:
- El fin inmediato de la violencia.
- El levantamiento de todas las restricciones de movimiento.
- Que todas las personas palestinas puedan volver a sus hogares.
- El fin de la brutal e ilegal ocupación de Cisjordania por parte del Gobierno israelí, que dura ya décadas, tal como ha dictaminado la Corte Internacional de Justicia.




