Me llamo Nisreen. Soy madre, esteticista y vivo en Hebrón, en los Territorios Palestinos Ocupados. Y no pienso rendirme.
Me llamo Nisreen. Soy madre de seis hijos y llevo toda mi vida soñando con tener mi propio negocio de peluquería y estética. Vivo en Hebrón, en Cisjordania, donde los checkpoints y controles militares, hacen que cada día sea un desafío.

Cada mañana llevo a mis hijos al colegio. Como cualquier madre. Pero cuando se van, algo en mí no descansa. Me quedo esperando noticias porque el ejército israelí puede parar a cualquiera sin previo aviso, incluidos los niños. Una llamada, un mensaje en el grupo de WhatsApp del colegio, y todo puede cambiar en un segundo.
Un día llegó esa llamada que todas tememos.
Habían retenido a mi hija de 9 años.
¿Qué crimen había cometido una niña de 9 años para merecer esto?
No recuerdo cómo llegué hasta allí. Solo recuerdo correr. Correr como nunca había corrido en mi vida.
Cuando llegué, tenía los ojos hinchados y el cuerpo temblando. El ejército israelí le había registrado la mochila y le había gritado cosas que ninguna niña debería escuchar jamás. Me dijeron que estaban a punto de llevársela justo cuando llegué yo.
La abracé allí mismo, en medio de la calle. Su piel estaba fría. No podía calmarse.
Las vecinas se acercaron con agua. Lloraba y no podía calmarse. Y yo tampoco sabía cómo calmarme a mí misma.
Tardó meses en volver a sentirse segura.
Tuve que llevarla a una psicóloga porque lo que viven los niños aquí, si no se trata, los marca para siempre.
El colegio debería ser su segundo hogar, un lugar donde sentirse segura. Un espacio donde aprender, reír, crecer. Pero aquí el ejército israelí puede entrar en cualquier momento. No hay ningún lugar seguro para mis hijos. Ninguno.
Mi sueño contra todo
Desde pequeña soñé con tener mi propio negocio. Y lo conseguí. Antes trabajaba hasta pasada la medianoche, las clientas venían de toda la ciudad, de fuera de la zona restringida, de todas partes. Era mi forma de sostener a mi familia, de ayudar a mi marido, de demostrarme a mí misma que podía.

Ahora apenas recibo una clienta de cada cien. Las vecinas no pueden moverse con libertad. Las de fuera ya no pueden llegar hasta mí. Incluso conseguir suministros para trabajar requiere días de planificación: si el checkpoint está abierto, qué soldado está de guardia, si me dejarán pasar.
Sentir que te castigan por tener un sueño duele. Lo sientes en lo más hondo. Pero seguimos. Seguiremos luchando por nuestros sueños.
Mis hijos han dejado de pedir cosas.
Han aprendido, demasiado pronto, a soñar más pequeño.
Eso es lo que más me rompe por dentro. Antes podía darles todo lo que pedían. Ahora luchamos para cubrir lo más básico, y cualquier cosa que se parezca a un lujo está completamente fuera de nuestro alcance.
Por qué me quedo
Mucha gente me pregunta por qué sigo aquí. Por qué no nos vamos.
Mi abuelo construyó nuestra casa piedra a piedra, con la ayuda de mi abuela. Aquí nací. Aquí me casé. Aquí construí mi familia. Esta tierra tiene una historia y un valor que ningún otro lugar del mundo puede tener. Adoro cada piedra de este lugar. Lo amo cuando llueve aquí. Este amor no se explica, se siente.
Lo único que podría alejarme de aquí es la muerte. Nada más.
No estoy sola
Hay algo que necesito contaros. Porque mi historia no termina en el dolor.
ActionAid llegó a nuestra comunidad. No para darnos cosas y marcharse. Para quedarse. Para escucharnos. Para creer en nosotras cuando nosotras mismas habíamos dejado de hacerlo.
Me ofrecieron formación, acompañamiento emocional y apoyo para que mi familia y yo pudiéramos seguir cubriendo lo más básico. Pero, sobre todo, me recordaron quién soy y de lo que soy capaz.
ActionAid cambió mi mundo. Me ayudaron a entender quién soy y lo que puedo llegar a ser. Que soy algo más que una esteticista. Soy una mujer que sostiene a su familia, a sus amigas, a su comunidad.
Por favor, seguid aquí. Seguid ayudando. Sois el rayo de esperanza que tenemos. Vuestro apoyo es el empuje que nos mantiene en pie. Cuando ActionAid dice que quiere ayudar, eso nos da una razón para seguir.
En Gaza, 1 de cada 7 familias está encabezada por una mujer. Desde octubre de 2023, ActionAid ha llegado ya a más de 627.000 personas en Gaza y Cisjordania con comida, refugio, protección y apoyo a mujeres que lideran la respuesta desde dentro.
La historia de Nisreen no ha terminado. Ni la de miles de mujeres como ella en Gaza y en Cisjordania.
Tu donación permite que ActionAid siga a su lado.
Cada aportación llega directamente a quienes más lo necesitan.



Majdi Fathi / ActionAid













