Ucrania 2026: la brecha entre necesidades humanitarias y fondos sigue creciendo
Cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala por parte de Rusia, seguimos viendo cómo 10,8 millones de personas en Ucrania —casi una de cada tres— necesitan asistencia humanitaria.
Este invierno está siendo el más duro desde que comenzó la guerra. Con temperaturas de hasta –25 °C y ataques continuados contra infraestructuras energéticas y viviendas, miles de familias se han quedado sin electricidad, agua ni calefacción. Estamos viendo cómo el frío se utiliza como arma de guerra, y cómo es la población civil quien soporta las consecuencias más graves.
Ucrania 2026: la brecha entre necesidades humanitarias y fondos sigue creciendo
Mientras las necesidades crecen, la financiación humanitaria se ha reducido de forma drástica. Entre 2022 y 2025 ha caído un 61 %, y este año apenas se ha cubierto el 13,4 % de los fondos necesarios. Con menos recursos disponibles, nos vemos obligadas a priorizar a quienes enfrentan mayores vulnerabilidades: mujeres con hijos e hijas, personas mayores, personas con discapacidad y personas LGBTI.
Junto a nuestras organizaciones socias locales, muchas de ellas lideradas por mujeres, seguimos sosteniendo a las comunidades en primera línea. Coordinamos evacuaciones, distribuimos ayuda en efectivo y kits de invierno, ofrecemos apoyo psicosocial y acompañamos a supervivientes de violencia de género, manteniendo espacios seguros para quienes más lo necesitan.
Personal humanitario y voluntario al límite
Pero también vemos el desgaste. El personal humanitario y las personas voluntarias están al límite. En nuestro informe, «Desde la base: la sociedad civil ucraniana en la recuperación» señalábamos este agotamiento, especialmente, entre quienes responden en las regiones más afectadas en el este de Ucrania.
“La gente está al límite; el entorno de trabajo es inestable, el sector en general es inestable. Y para muchas personas esto significa sacrificar a la familia, estar disponibles las 24 horas del día. La salud mental y física están empeorando”, explica una trabajadora humanitaria.
La resiliencia no puede sustituir el apoyo internacional sostenido. “Sin un compromiso financiero y político urgente, la brecha entre las necesidades y los recursos disponibles seguirá ampliándose, dejando a las organizaciones locales con una carga insostenible”. Jara Henar, responsable regional de la respuesta en Ucrania.
















