Bolivia, las mujeres que decidieron dejar de tener miedo
En Sucre y Villa Serrano, en el corazón de Chuquisaca (Bolivia), hay mujeres que un día decidieron que el miedo no sería lo último que heredarían a sus hijas. Hoy ellas trabajan e impulsan a otras mujeres para reclamar sus derechos y poner fin a la violencia.
Mujeres sin miedo en Bolivia: del silencio a reclamar derechos
Durante generaciones, la violencia contra las mujeres se vivió puertas adentro, como algo que se calla y se soporta. El proyecto trabaja para romper ese silencio: a través de formación, investigación participativa e incidencia política, acompaña a mujeres jóvenes y adultas en situación de vulnerabilidad para que dejen de verse como víctimas y empiecen a reconocerse como sujetas de derechos. El camino no es solo individual: fortalece su liderazgo y las lleva a las mesas donde se deciden las políticas públicas de igualdad de género, esos espacios de los que históricamente estuvieron excluidas.
Martina: de niña trabajadora a lideresa que cambió una ley
Martina empezó a trabajar como empleada del hogar a los 13 años. Nadie le preguntó si quería. Pero a los 19, algo se encendió en ella: «Llevo en esto del liderazgo desde los 19 años», cuenta con la serenidad de quien ya no tiene nada que demostrar.

Durante décadas trabajó en condiciones que hoy llamaríamos explotación, pagada muchas veces solo con comida y un techo. En lugar de resignarse, empezó a organizar a sus compañeras como líder de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar. Fueron años de campañas, marchas y puertas cerradas en la cara. Hasta que el 9 de abril de 2003, Martina y miles de trabajadoras del hogar lloraron de alegría: se aprobaba la Ley 2450, que por fin reconocía el trabajo doméstico como un trabajo real, con seguridad social, y no como un favor que se le hace a una familia. La ley reconoce una jornada laboral de 8 horas, un salario mínimo y beneficios laborales y unas condiciones dignas.
«Tras 10 domingos de marchas, muchas reuniones, mucha organización, al final logramos aprobar la Ley un 9 de abril, entre lágrimas, tristezas y alegrías»
Toda esa experiencia la pone hoy al servicio de las Jaya Warmis «mujeres picantes», un colectivo de defensoras que investigan, crean arte y lideran el cambio en sus comunidades, apoyadas por el Centro Juana Azurduy y ActionAid Bolivia. Su testimonio sobre la violencia política que enfrentan las mujeres al intentar ocupar espacios de decisión ha sido una pieza clave de la investigación participativa del proyecto: habla desde la experiencia de quien ya se cansó de que le cerraran la puerta.
Una voz que ha llegado a 150 000 personas
Hay historias como la de Martina que merecen romper las paredes de la comunidad y llegar a todo un país. Por eso el proyecto apuesta por la comunicación como motor de cambio cultural: visibiliza a las mujeres defensoras, planta la bandera de la cero tolerancia a la violencia y despierta conciencias sobre el derecho a vivir sin miedo. Sus campañas han alcanzado a más de 150 000 personas, alimentando el debate público y movilizando a la sociedad y a las instituciones hacia un compromiso real con la prevención de la violencia y la garantía de los derechos de las mujeres.
El proyecto «Mujeres luchando por una vida libre de violencias en Bolivia», impulsado por ActionAid junto al Centro Juana Azurduy es una apuesta por convertir el dolor compartido en fuerza colectiva apoyada por el Gobierno de Cantabria.











