Ir al trabajo es una expedición de alpinismo

Por Jeanne Martorello

Hace más de un mes que llegué a La Paz, y aún me cuesta adaptarme al ritmo de la ciudad. Al principio pensé que me acostumbraría rápidamente a la altitud. Durante la primera semana todo parecía ir bien, pero pronto la realidad de los 3.650 metros sobre el nivel del mar comenzó a hacerse notar.

Cada mañana me preparo mentalmente para lo que ya es parte de mi rutina: recorrer las empinadas calles que conducen a la oficina. Lo que debería ser un simple paseo se convierte en un verdadero esfuerzo físico. Cada paso cuesta un poco más, y la falta de oxígeno se nota. Aunque confío en que con el tiempo me adaptaré, lo cierto es que todavía es un reto.

La primera semana fue engañosa. Me sentía bien, disfrutando de la novedad y la emoción de estar en una nueva ciudad. Pero, de pronto, la altitud me pasó factura: me sentía mareada y agotada tras unos minutos de caminata. Afortunadamente, encontré un buen aliado en una tradición local: las infusiones de hojas de coca.

Estas infusiones, tradicionales en los Andes, ayudan a aliviar los síntomas del mal de altura. Desde entonces, cada mañana preparo una taza antes de salir de casa. El sabor, al principio amargo, se ha vuelto reconfortante: una señal de que me esfuerzo por adaptarme a este nuevo entorno.

A pesar de las dificultades, admiro la belleza y singularidad de La Paz. La ciudad, enclavada en una cuenca rodeada de montañas, tiene un encanto propio. Las vistas desde los miradores son impresionantes, y la cultura diversa y vibrante es fascinante.

Cada vez que llego a la oficina, siento que avanzo un poco más en esta experiencia de adaptación. Mis colegas me animan y comparten sus propios consejos, recordándome que este proceso lleva su tiempo. Con paciencia y perseverancia, confío en que mi cuerpo se ajustará.

Hasta entonces, seguiré confiando en mis infusiones y en mi determinación para enfrentar cada día en esta ciudad tan única como desafiante. Porque vivir en La Paz es exigente, pero las vistas, la gente y la experiencia hacen que cada paso valga la pena.

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