«Crecimiento, creatividad y comunidad» — Voluntariado en Timișoara, Rumanía

El proyecto Youth4Ukraine, desarrollado en Timișoara (Rumanía) con el apoyo de Alianza por la Solidaridad y la organización local FITT, reunió a jóvenes de diferentes países para acompañar a niños y niñas refugiados de Ucrania. A través de actividades creativas, clubes educativos y dinámicas de grupo, descubrieron que el voluntariado es también un espacio de crecimiento personal, empatía y encuentro intercultural.


«Una experiencia que superó mis expectativas» — por Sofiia

Mi nombre es Sofiia, tengo 27 años y participé en un programa de voluntariado de corta duración en la Fundacja Judeteana Pentru Tineret Timis en Timișoara durante dos meses.

Nuestro equipo estaba formado por 12 personas y fue una gran experiencia de diversidad cultural. Durante el proyecto, organizamos actividades para los niños y niñas de la escuela ucraniana UkrKidsHub. Creamos juegos educativos, dinámicas y clubes temáticos, como el Club Psicológico, el Club de Foto y Video, el Club Financiero y el Club de Cocina. Todas las actividades se realizaron en inglés y fueron dirigidas por voluntarios de distintos países, lo que permitió a los niños mejorar su nivel de idioma y conocer otras culturas.

Como ucraniana, fue muy especial trabajar con niños de mi propio país. Compartir con ellos esta experiencia fue una oportunidad maravillosa, llena de aprendizajes y momentos valiosos.

Nuestro equipo, aunque pequeño —solo cinco personas—, tenía un ambiente muy respetuoso y amistoso. Me sentí completamente segura y feliz de formar parte de él. Nuestra coordinadora, Valeria, hizo un trabajo excelente: explicaba todo con claridad, estaba siempre disponible y nos ofrecía apoyo en cada paso.

Aunque fue un proyecto breve, la experiencia y las emociones que me llevé superaron con creces mis expectativas. Sin duda, puedo decir que ha sido uno de los mejores proyectos en los que he participado.


«Cada pequeño gesto deja huella» — por Tetiana

Cada viaje, por corto o largo que sea, deja una huella. Esta experiencia de voluntariado no se trató solo de tareas realizadas o actividades organizadas, sino de colaboración, amistad y apoyo mutuo.

En muchos sentidos, este proyecto fue un espejo que me permitió reconocer mis fortalezas y también las áreas en las que debía crecer. Me enseñó paciencia, no solo con los demás, sino conmigo misma. Aprendí que colaborar no significa tener siempre la respuesta correcta, sino saber escuchar, adaptarse y encontrar armonía entre distintas perspectivas.

Esta experiencia también me sacó de mi zona de confort. Me enfrenté a nuevas situaciones y formas de comunicarme, y descubrí que puedo conectar con personas muy diferentes a mí. Aprendí que la comunicación no solo son palabras, sino también presencia, intención y energía.

Uno de los aprendizajes más profundos fue comprender el impacto que tienen los pequeños gestos: una conversación, una idea compartida, una risa o un momento de complicidad. Son esos detalles los que dan sentido al trabajo que hacemos.

Mi inglés mejoró notablemente, y también mi capacidad para planificar y facilitar actividades. Gracias al apoyo de mi coordinadora y del equipo, me sentí acompañada e inspirada. Me encantó trabajar en el Club Psicológico y volver a enamorarme de la arteterapia, viendo cómo los niños —y no solo ellos— se implicaban y disfrutaban del proceso.

Estoy profundamente agradecida por esta experiencia, por las personas que conocí y por todo lo que aprendí en Timișoara. Sin duda, este proyecto ha sido una parte importante de mi vida.


«Dos meses de creatividad, conexión y cuidado» — por Vasilis

Durante dos meses inolvidables formé parte de un proyecto del Cuerpo Europeo de Solidaridad en Timișoara (Rumanía), apoyando a niños y niñas ucranianos a través de actividades creativas y terapéuticas. Esta experiencia no solo me permitió contribuir de manera significativa, sino que también me ayudó a crecer personal y profesionalmente.

Cada día trabajábamos para ofrecerles un entorno seguro y alegre donde pudieran sanar, aprender y, simplemente, ser niños. Las sesiones de arteterapia y los juegos de mesa fueron mis favoritas: la arteterapia les daba un medio para expresar emociones difíciles de verbalizar, y los juegos generaban sonrisas, risas y un sentido de pertenencia.

Uno de los momentos más especiales fue una jornada de team building en una casa museo a las afueras de Timișoara. Entre arquitectura tradicional e historia rumana, conectamos como equipo y recordamos la importancia de disfrutar el camino junto a quienes nos acompañan.

Además de trabajar directamente con los niños, participé en el equipo analítico, diseñando cuestionarios mensuales para evaluar el impacto de nuestras actividades. Disfruté mucho haciendo los formularios más visuales, incluso creando códigos QR artísticos que reflejaban el espíritu creativo del proyecto. Leer las respuestas de los niños fue una de las partes más gratificantes, ya que nos ayudaba a mejorar continuamente.

Lo que hizo especial este proyecto fue el equilibrio entre acción y reflexión. No solo hacíamos, también aprendíamos, adaptábamos y crecíamos junto a los niños. Timișoara se convirtió en un hogar temporal lleno de calidez, creatividad y solidaridad.

Miro atrás con gratitud: por las amistades, el arte, las risas y los pequeños momentos que hicieron de estos dos meses una experiencia que siempre llevaré conmigo.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *