“No pude volver a Honduras a despedirme de mi abuela”

La noticia llegó cuando estaba lejos de casa y sin posibilidad real de volver. Dariela, de 18 años, no pudo viajar a Honduras para despedirse de su abuela. No fue una decisión libre; fue una consecuencia más de vivir en España sin documentación, con el miedo constante de salir y no poder regresar.

“Si yo hubiese tomado la decisión de irme a despedir a mi abuela, creo que no hubiese podido volver hasta dentro de tres años”.

Dariela ya tiene su vida, sus amigos y gran parte de su familia en Mérida. Su madre ya tiene los papeles y pese a ello y a haber llegado a España siendo menor, no ha podido regularizar su situación antes.

Ser joven, querer estudiar y encontrar todas las puertas cerradas

Llegó a Mérida con ganas de salir adelante y seguir estudiando. Pero la falta de NIE le ha puesto un freno  incluso en algo tan básico como avanzar en sus estudios al no poder hacer las prácticas obligatorias del grado en hostelería que estaba estudiando. Quiere seguir formándose , trabajar y construir su futuro aquí.

Para Dariela, la regularización no es una cuestión burocrática. Es la diferencia entre quedarse bloqueada o poder seguir adelante. Entre perder oportunidades o acceder a una formación, un trabajo y una vida con más estabilidad.

La regularización extraordinaria es una oportunidad para que miles de personas que viven y trabajan aquí puedan conseguir sus derechos. Un proceso que puede cambiarlo todo.