Voluntariado internacional en Rumanía: juventud comprometida y solidaria

El proyecto Youth4Ukraine, implementado en Timișoara con el apoyo de Alianza por la Solidaridad y FITT, involucró a jóvenes voluntarios de distintos países en acciones de apoyo a la infancia refugiada de Ucrania. A través de su participación, Olena, Martina y Mohamed reflejan los valores de cooperación y ciudadanía europea activa.

«Un sueño hecho realidad» — por Olena

Mi nombre es Olena, tengo 21 años y soy de Ucrania. De hecho, celebré mi cumpleaños durante el proyecto. Llevo más de tres años viviendo en Rumanía a causa de la guerra, dos de ellos en Bucarest, y tuve la oportunidad de participar en un proyecto del Cuerpo Europeo de Solidaridad en Timișoara, con el apoyo de Alianza por la Solidaridad.

Soñaba con ser voluntaria desde hacía mucho tiempo, y este proyecto fue la manera en que ese sueño se hizo realidad. No me sentía lo bastante valiente como para ir a un lugar sin otros ucranianos, ya que no tenía mucha confianza en mi nivel de inglés y temía no poder aportar al equipo. Por eso, este proyecto fue el espacio perfecto para dar ese paso.

Desde el principio conecté con el resto del equipo. Trabajamos con respeto mutuo y sin conflictos, y esas conversaciones diarias me ayudaron a mejorar mi inglés y a ganar confianza en mí misma y en mis ideas.

Los encuentros semanales de team building fueron siempre diferentes y muy divertidos. Aunque me quedé con ganas de ver más de Timișoara, me llevo los recuerdos que planeé vivir.

Tuve la suerte de trabajar junto a Anya en el Financial Club, a pesar de no tener formación en finanzas, y también de organizar un Cooking Club, donde disfruté muchísimo. Me encantó colaborar con tantas personas y conocerlas mejor.

Estoy muy feliz de haber formado parte de este proyecto, de haber conocido a estas personas, esta ciudad y esta organización. Incluso antes de llegar a Timișoara, esta experiencia ya me había dado nuevas vivencias: fue mi primer viaje en avión y la primera vez que vi Madrid.


«Dar y recibir: dos meses de voluntariado» — por Martina

Soy Martina, una estudiante italiana de 22 años, y durante los últimos dos meses participé en un proyecto del Cuerpo Europeo de Solidaridad en Timișoara, Rumanía. Ahora que la experiencia llega a su fin, puedo decir que me sorprendió muy positivamente.

Formé parte de un equipo de voluntarios internacionales, con personas de España, Egipto, Grecia, Ucrania y otros países. Esta mezcla de culturas nos permitió descubrir la riqueza del intercambio y aprender a construir puentes entre distintas realidades.

Nuestro trabajo se centró en organizar actividades extraescolares para niños y niñas refugiados de Ucrania, destinadas a promover su bienestar físico y emocional. Desde deportes y danza hasta cocina, arte o juegos de mesa, ofrecimos espacios para desarrollar su creatividad, descubrir nuevas aficiones y fortalecer su autoestima.

Aunque los resultados más profundos se verán a largo plazo, fue emocionante observar cómo los niños crecían semana a semana, descubriendo sus talentos y su confianza.

Además, el proyecto incluía un componente analítico: encuestas diarias para recoger su opinión sobre las actividades y evaluaciones mensuales para medir el impacto y mejorar la metodología. Este enfoque nos permitió entender qué funcionaba mejor y cómo seguir fortaleciendo nuestro trabajo.

Mirando atrás, siento que esta experiencia fue un intercambio de “dar y recibir”. Dimos nuestro tiempo, energía y creatividad para acompañarles, pero también recibimos muchísimo: la oportunidad de vivir en una nueva ciudad, convivir con culturas diversas y aprender de un equipo apasionado. Una experiencia que me acompañará durante mucho tiempo.


«Más que voluntariado: comunidad y esperanza» — por Mohamed

Como voluntario internacional en el proyecto Youth4Ukraine – Volunteering Teams en Timișoara (Rumanía), viví una experiencia significativa y transformadora. Además, soy estudiante universitario a tiempo completo en la misma ciudad, lo que hizo de esta experiencia un reto especial de equilibrio entre los estudios y el compromiso social.

Desde el inicio formé parte del equipo de análisis, encargado de recoger comentarios, evaluar el impacto de las actividades y asegurar que los objetivos del proyecto se cumplieran. Este rol me dio una visión más amplia de cómo funcionan y evolucionan los proyectos de voluntariado.

Uno de los aspectos más enriquecedores fue la diversidad del equipo: personas de Ucrania, Italia, Grecia, España, Egipto… cada una con sus historias y perspectivas. Ese entorno multicultural creó un espacio vibrante y de aprendizaje continuo.

Junto al resto del equipo, organizamos clubes educativos y creativos para la infancia: el Book Club, para fomentar la lectura y el pensamiento crítico; el Sports Club, para promover el trabajo en equipo y la actividad física; el Art Therapy Club, donde los niños podían expresarse mediante la pintura y el dibujo; el Cooking Club, que combinaba cultura y habilidades prácticas; y el Video Club, en el que aprendían a contar historias a través de pequeños proyectos audiovisuales.

Cada club tenía un mismo propósito: inspirar, enseñar y empoderar a los niños y niñas con conocimientos, creatividad y confianza.

Ahora que el proyecto llega a su fin, miro atrás con orgullo y gratitud. He adquirido nuevas habilidades, hecho amistades duraderas y aprendido qué significa formar parte de una comunidad comprometida.

Ser parte de Youth4Ukraine fue mucho más que hacer voluntariado: fue construir solidaridad, sembrar esperanza y generar un impacto positivo.

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